Ayer realizó su última levantá terrenal para, nunca mejor dicho, subir al cielo.
Ayer la Virgen de las Angustias, llamó a su vera, al capataz que la recitaba en cada instante de su vida.
Ayer el capataz D. Alberto Gallardo, volvía a enumerar a su gente de abajo con su continuo aliento y alabanzas al costalero.
Ayer las palabras, sentimientos, emociones de un corazón a sabor de canela y clavo, quedarán grabadas en nuestros corazones.
Ayer su inigualable voz, figura y mirada se hicieron eternos, hasta siempre Maestro.
